Percepciones (I)

«Abro los ojos por primera vez. Sobre mi cabeza revolotean hermosas mariposas de vivos en un cielo azul turquesa. Pestañeo una y otra vez tratando de entender, aceptar, intentando acostumbrarme a mi nueva forma de ser. "Es extraño", pienso gratamente sorprendido "Me siento… bien… muy bien."

En cierto modo, me estoy descubriendo a mí mismo. Ignoraba que la vida pudiese ofrecerte este tipo de cambios, pero supongo que de todo se puede aprender. Poco a poco, tengo la sensación de que me estoy transformando. No a una velocidad vertiginosa, pero, lentamente, empiezo a creer que no soy el mismo de antes. Mi "nueva" personalidad parece expresarse de otras maneras, métodos que a mi anterior forma de pensar le resultarían incomprensibles.

Con curiosidad, alzo más los ojos y los enfoco hacia la lejanía, maravillándome de las cosas que veo, y que siento como parte de mí: Nubes que me recuerdan a montoncitos de algodón, frondosos bosques que se extienden más allá de donde la vista alcanza a divisar, océanos y ríos que parecen rebosar vida. Estoy confuso y a la vez sobrecogido: Este reino es mil veces más complejo que mi anterior hábitat de frío y eternos hielos. Percibo el calor que portan los rayos del sol al incidir éstos sobre mi piel de cristal níveo. No me preocupo, pues sé que no me derretiré, pero aún así no puedo evitar reprimir un escalofrío. De la oscuridad del reino sin luz, he llegado a un estadio dónde todo parece refulgir, rebosante de energía, donde todo parece reducirse a ese astro incandescente, tan extraño para mí.

¿Qué puedo hacer entonces? Ya no extraño el frío, todo esto es demasiado nuevo, demasiado brillante, demasiado colorido… demasiado... vivo. Mi curiosidad vence a mi temor, así que prefiero enfrentarme a lo que temo, y abrirme a este mundo que se aclara más y más a cada instante…»

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