De perdidos al río

«La sociedad se degrada».

Es un hecho tan cierto como que el fuego quema y el agua moja. El mundo vive ensimismado contemplando su propia imagen, incapaz de evitar el mentir y engañar para hacer realidad sus caprichos.

Las personas son ególatras, hedonistas, individualistas… Los demás no importan. Sólo cobran sentido en tanto en cuanto benefician al «yo».

La vida se ha convertido en un campo de batalla con el mundo como cruel escenario, y cada uno de los seres humanos como contrincantes. La competencia es brutal y la compasión, inexistente. El hombre se ha vuelto perezoso, lo que a su vez ha provocado la malsana obsesión de explotar al prójimo hasta hacerle exhalar su último suspiro.

El corazón del hombre se ha endurecido. En la oscuridad, su pecho no palpita y tú lo sabes.

Indeciso, te encuentras parado ante una bifurcación: dos puertas a la espera de que las cruces, dos oportunidades que aguardan tu decisión.

Frío por doquier; soledad y amargura impregnan tu ser y se deslizan por tus venas, bombeadas junto a tu sangre. Dos decisiones a tomar, millones de consecuencias a tener en cuenta: Es tiempo de la Elección…

¿Elegirás mal o bien? Y lo que es más importante…

¿A quién estarás dispuesto a sacrificar para cumplir tu destino?


***

Comentarios

  1. hay que luchar por uno mismo,y por nadie más, a no ser que sea alguien que quieras más que a ti mismo.

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