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Mostrando entradas de noviembre, 2012

En aguas profundas

El tiempo ha transcurrido.  Vas a ciegas, tanteando en la oscuridad, mientras el agua sube y tu corazón te martillea en los oídos. Te sumerges en aguas profundas, sintiendo como el aire se agota en tus pulmones, percibiendo como tu aliento se congela. Los brazos del océano se ciñen a tu alrededor como los de una madre protectora.  Estás en paz: el espíritu combativo se adormece; tus ojos se cierran mientras notas como las últimas burbujitas de aire escapan de tus fosas nasales. Tu cerebro resplandece una última vez y, acto seguido, se apaga como si nunca hubiese estado encendido.

Entre luz y tinieblas

¿Qué hay que hacer cuando se está perdido; cuando no se sabe diferenciar qué está bien de qué está mal? ¿Qué se debe hacer cuando se camina por una ruta entre luz y tinieblas, un sendero en eterna penumbra y exangüe luminosidad?  Estoy cansado de intentar buscar una salida de este tortuoso y confuso camino: he estado demasiado tiempo entre uno y otro lado, entre dos tierras baldías que no se sabe adónde conducen. 
Estoy harto de estar perdido, de hundir mis pies en el barro para acabar andando en círculos. No hago más que repetir mis pasos. No obstante, al mismo tiempo, tengo miedo: es tan cómodo moverse siempre en la frontera; no formar parte nunca de lo que yace más allá... Construir una vida bordeando los límites sin nunca preocuparse de tener que afrontar la realidad...
Mas ésta sigue ahí, aunque yo me niegue a verla. Y la única verdad que importa es que no se puede morar siempre en el ocaso. La vida exige momentos de claridad y momentos de oscuridad: no arriesgarse es lo más fácil, p…