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Mostrando entradas de diciembre, 2012

Ya sabes lo que hay

Llevo toda mi vida siendo un puzzle incompleto, un rompecabezas cuyas piezas no encajaban unas con otras, tan desiguales que se hacía imposible tratar de mantenerlas unidas. No existía un camino claro para mí, ignoraba cómo seguir andando cuando mi destino se me antojaba tan sumamente lejano y confuso, tan falto de ambiciones y esperanzas que pudieran espolear mis pasos. Todo cuanto había en mi interior era miedo, un temor enorme a no llegar nunca a comprender los recovecos de mi propia mente y la compleja maraña de pensamientos que se entreveran en ella.  Pasé mucho tiempo en esta oscuridad, en esta confusión: entonces llegaste tú. Día y noche, sol y luna, fuego y hielo, luz y oscuridad.  Somos polos opuestos, caras contrarias de una misma moneda. Nos desarrollamos de modo similar, pese a que nuestras personalidades crecieron de modo distinto. Tú eres fortaleza, yo debilidad. Eres todo lo opuesto a mí, y, sin embargo, me aceptas y te importo más que a la mayoría de personas que me rodea…

Tirar los dados

La vida es un juego de dados. Los agitas y los tiras una y otra vez, esperando siempre que te salgan buenos números para continuar jugando. 
Porque la vida es eso, un juego de azar: tiras los dados y rezas para que salga lo que tú deseas, lo que crees que necesitas. No siempre lo consigues, sin embargo: la suerte es caprichosa, sí; puede parecer arbitraria e injusta, pero eso es porque la mayoría de veces lo que uno quiere no coincide con lo que uno precisa. 
Pese a todo, vuelves a tirar los dados. Nunca te rindes. No renuncias a poner tu destino en la balanza, soñando con que ésta, finalmente, se incline a tu favor.
La pregunta que debes hacerte es si, al final, tu paciencia y perseverancia se verán recompensadas, y si merece la pena que sigas confiando en la fortuna.

De pie en la oscuridad

«Cuando todo lo que creías se desmorona, cuando las luces se apagan y te quedas de pie, solo e inmóvil, en la oscuridad; cuando el tiempo del que creías disponer resulta no ser más que una triste ilusión con la que te engañaste para no reparar en tu cúmulo de fracasos... 
Cuando suceden cosas como éstas, es momento de preguntarse por los errores cometidos, por las faltas propias, por las verdades pendientes y por todas aquellas cosas que, de una manera u otra, hirieron a los demás y los alejaron de ti».