Al borde del precipicio

El abismo se abre a tus pies y notas como tu corazón incrementa su ritmo, hasta que percibes sus palpitaciones en tus tímpanos. La adrenalina empieza a fluir por tus vasos y la sensación de vértigo se vuelve sobrecogedora. 
Quieres luchar, pero tus fuerzas parecen haberte abandonado. Sólo te queda la opción de dejarte llevar, no resistirte más tiempo y permitirte caer. Porque las esperanzas que te han hecho sobrellevar tan pesada carga se han esfumado, arrastradas por el vendaval que sopla desde la parte más honda del acantilado. 
Las olas que golpean las rocas con violenta furia parecen ser la señal que el lecho marino ha escogido para reclamarte como suyo. Cuanto más lo demores, peor se pondrá la tempestad.
Lo único que puedes hacer es rendirte a lo inevitable y saltar tú antes de que ceda el suelo bajo tus pies. 
Porque sólo hay una cosa que puede detener tu caída desde el borde del precipicio. Y no está ahí.

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