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Mostrando entradas de enero, 2011

Un trato es un trato

Ves bajo tu cuerpo un lecho de rosas trenzado con espinas. Yaces sobre él, a merced de la voluntad ajena. Quieres gritar, llorar, escapar del dolor y del sufrimiento, mientras sientes como se rasga tu carne y se derrama tu sangre.
Desafortunadamente, no tienes escapatoria.
Por todo en la vida hay que pagar un precio y, en ocasiones, este es más alto de lo que al principio habías supuesto.
Deberías haber hecho caso de aquel primer instinto, aquel susurro en tu oído que decía: «aléjate. Aléjate antes de que salgas herido». Pero es tarde, demasiado tarde para arrepentirse.
Mejor aparta la mirada, aprieta los dientes para ahorrarte los gritos y prepárate para lo que viene, porque lamentarte del pasado no te va a salvar; ni ahora, ni nunca.
Un trato es un trato, aunque las cosas no salgan como esperabas. Y perder tiene consecuencias.
Créeme, lo sé bien.

Sin nada más por ver

Desesperación: esa angustia prolongada; ese nudo en estómago y garganta que crece por segundos, anegándote los ojos de lágrimas amargas y los pulmones de gemidos lastimeros. Frustración: quizá un ligero fruncimiento de labios; una mirada rebosante de despecho y desprecio; un retorcimiento de manos involuntario y unas cuantas palabras malsonantes para los desdichados oídos que se detengan a escucharlas. … Para algunos, sólo eres otra cara. Otro rostro que pasa por su lado deprisa, veloz; sin ser percibido. Pero aquellos que te ven… no se olvidan de ti. Se acuerdan de tu mirada vacía; de la confusión y perplejidad en las que te sume la tristeza; de esas lágrimas advenedizas que temes derramar y de esa faz rota por el dolor, la ansiedad, y…el miedo. Miedo a alejarte y a acercarte demasiado; miedo a no arriesgar nada y a perderlo todo. Cuando todo te falla y no sabes cómo continuar, sólo cabe considerar una posibilidad. Y sabes muy bien cuál es.
Lo curioso del cotilleo es que la víctima siempre es la última en enterarse.

Como quien no quiere la cosa, apareciste tú

¿Sabes de esa persona que siempre está ahí cuando la necesitas? ¿Esa persona que nunca te falla, que permanece a tu lado en la oscuridad, cuando no hay más que sombras poblando el horizonte?
¿Esa persona que siempre, siempre, sabe qué decir y cómo decirlo? ¿La que te conoce tan bien que sabe lo que necesitas oír en cada momento, y que sabe hacer que sus palabras sean un bálsamo en tus oídos?
Si tienes cerca a una persona así, eres increíblemente afortunado. Una amistad verdadera es difícil de alcanzar, y mucho menos cuando tú mismo te cierras al mundo y rehúsas rozarlo con tus dedos.
Sin esa persona, mi vida habría resultado solitaria, deprimente, infernal; un abismo de negra angustia e incertidumbre eterna, de incomprensión en un mundo demasiado grande y demasiado ruidoso. Me odiaría a mí mismo si perdiera ese vínculo, pues sin él, toda mi existencia carecería de sentido. Doy gracias todos los días porque aparecieras en mi vida.
Con todo esto, sólo aspiro a decir una cosa: Eres la person…

Alumbramiento

Articulo una idea en mi mente. Poco a poco toma forma a partir de la nada.
Surgen otras asociadas, formando un complejo esquema que parece seguir un orden casi matemático.
Por un momento dudo. Se acumulan las demás junto a la principal y van trenzándose una tras otra formando una firme cadena que empieza a tomar consistencia.
Ya no se trata solamente de un conjunto de ideas deslavazadas y desestructuradas. Ahora es algo más: un firme pedacito de realidad que ocupa un espacio y posee vida propia.
Me siento un padre.
Acabo de crear una historia.

¿Quieres saber un secreto?

Imagen
« ¿Quieres saber un secreto? ¿Un secreto maravilloso, increíble, que puede alterar completamente lo que crees conocer y vivir? ¿Un secreto tan poderoso que de difundirse, derribaría los cimientos de nuestra civilización? ¿Un secreto tan maravilloso como letal? ¿Un secreto por el que todo el mundo estaría dispuesto a matar? Y… ¿qué harías si fueses poseedor de ese secreto? ¿Cómo huirías de algo que está alojado dentro de ti? Me gustaría conocer la respuesta a esa pregunta, porque eso es lo que me pasa a mí. Tengo un secreto: un secreto que ha echado raíces, un secreto que se propaga como un cáncer, un secreto que late en mi interior y cuya ponzoña impregna todos los rincones de mi cuerpo…»