Ya sabes lo que hay

Llevo toda mi vida siendo un puzzle incompleto, un rompecabezas cuyas piezas no encajaban unas con otras, tan desiguales que se hacía imposible tratar de mantenerlas unidas. No existía un camino claro para mí, ignoraba cómo seguir andando cuando mi destino se me antojaba tan sumamente lejano y confuso, tan falto de ambiciones y esperanzas que pudieran espolear mis pasos. Todo cuanto había en mi interior era miedo, un temor enorme a no llegar nunca a comprender los recovecos de mi propia mente y la compleja maraña de pensamientos que se entreveran en ella. 
Pasé mucho tiempo en esta oscuridad, en esta confusión: entonces llegaste tú.
Día y noche, sol y luna, fuego y hielo, luz y oscuridad. 
Somos polos opuestos, caras contrarias de una misma moneda. Nos desarrollamos de modo similar, pese a que nuestras personalidades crecieron de modo distinto. Tú eres fortaleza, yo debilidad. Eres todo lo opuesto a mí, y, sin embargo, me aceptas y te importo más que a la mayoría de personas que me rodean a diario. 
Deseo de corazón que me comprendas. Quiero que tu luz impregne todos mis rincones oscuros, que abrase todos esos espacios de desasosiego y aprensión que plagan mi mente y me confieren mi habitual carácter frío y contrariado
No obstante, es muy complicado. La desconfianza me ha hecho dudar de todo aquello que puede ser bueno para mí pero cuyas consecuencias finales no están claras. Éste es el motivo de que tantas veces haya metido la pata, mis errores son losas que llevo sobre la espalda. No puedo evitar racionalizar todo cuanto hago y dar mil vueltas a las cosas en vez de actuar sólo por instinto. Y por ello, lo que otros emprenden sin pestañear, a mí me cuesta atreverme una eternidad. Puede que tarde y que me cueste entender todo lo que intentas enseñarme, aunque sólo lo hagas para tratar de ayudarme, para derretir el hielo que rodea mi corazón. 
Lo único bueno de todo ésto es que tú ya sabes lo que hay. No me presionas. No me pides que cambie, ni que sea otra persona para satisfacer tus deseos. No tratas de moldear mi personalidad para ajustarla a ti. 
Soy quién soy y lo aceptas. Y por ello te estoy agradecido.

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