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Rigor vitalis

Quieres decirle algo a esa persona especial, pero el miedo atenaza tu garganta y eres incapaz de articular sonido. Una oleada de frío polar desciende hacia tu estómago y esas incansables mariposas, que normalmente danzan en su interior cuando te habla, quedan congeladas. Mientras, percibes impotente cómo su mirada se torna confusa, te sonríe impaciente, esperando que te muestres tan abierto, sincero y cómodo como cuando os comunicáis por escrito. Deseas hacerlo, de veras que sí. Necesitas decirle lo que has empezado a sentir, lo reconfortante que resulta saber que te escucha, que le importa lo que te pasa, que disfruta con las cosas que le cuentas y que valora mucho tu confianza. Ansías ser capaz de sostener su mirada cristalina y bondadosa; preguntarle por su día y por las cosas que le pasan, para que te revele sus ideas y pensamientos y, de ese modo, ser capaz de conocerle un poco mejor. Anhelas hablarle pero estás atemorizado, asustado de no ser lo que espera; de que no te vea cómo…

Dualidad

La dualidad forma todo lo que somos. Tratamos a menudo de reprimir nuestra oscuridad interior y de fortificar nuestra luz, creemos que tras mucho intentarlo llegaremos a quedarnos sólo con las buenas conductas suprimiendo las viles. Pero eso nunca pasa. Somos fruto de la lucha eterna entre el caos y el orden: espíritus confusos, saturados de contradicciones. Creemos ilusos que los secretos pueden ocultarse indefinidamente bajo la alfombra, como si no existiesen.
Y así es como persistimos: enfrentando las dificultades a base de evitar prestar atención a lo que se esconde bajo la piel, a todas aquellas dudas y preguntas que forman nuestro subconsciente y que continuamente ponen en tela de juicio todo lo que pensamos y hacemos.