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Cazador cazado

En cierto modo, sigues pensando que mis huellas te llevarán a casa. Intentas rastrearlas, como los cazadores hacen con su presa, tratando de dilucidar hacia dónde me he ido, cómo es posible que me haya marchado tan deprisa y sin dejar ningún rastro. Corres entre los árboles, escuchando las ramitas y las hojas caídas crujir levemente bajo tus pies, mientras tus ojos recorren el bosque, en busca de la más mínima pista que delate mi paradero. La cuerda del arco que sostienes entre las manos se tensa, mientras la punta de la flecha en ella apoyada reluce con un siniestro resplandor a la luz de la luna que se filtra entre las copas de los árboles. La ira y el apremio son palpables en tu mirada: recorres una y otra vez el panorama, cada vez de manera más violenta y furiosa. Quieres encontrarme, pero no sólo para que te lleve a casa; sé perfectamente lo que de verdad quieres: mi corazón humeante aún palpitando, ése es el trofeo que codicias. Como un cervatillo, me he escondido en la profun...

Descenso al Maelström

No entiendes que viva de recuerdos prestados,  me sigues viendo como un barco a la deriva, que se precipita contra los altos acantilados,  pese a tus vanos esfuerzos por salvar mi vida. Pero ni soy un galeón abandonado,  ni una nave en la niebla perdida:  soy un torbellino peligroso y aislado, que acarreará tu absoluta ruina. Porque soy  Caribdis, devoro todo a su paso, soy un vórtice de emociones muy frías,  que arrastrará a las profundidades tu barco, hasta depositarlo en su tumba submarina. Cada vuelta te arrastra más y más al abismo; si desciendes al Maelström no hay posible huida ;  enfrentarte a mi fuerza es desafiar al destino, dejarte llevar, lo único que evitará tu caída.  Porque engulliré tu tierna alma giro tras giro,  atraparé tu corazón con una simple mirada,  sentiré cómo naufragas en cada triste latido  y cómo te hundes hasta perderte en la nada.

Obsesión e identidad

Crees que sabes quién eres. Crees que te conoces bien a ti mism@. Entonces sucede algo. Algo que cambia tu perspectiva y te aporta una visión del mundo que jamás te habías planteado. Y es que, por muy claro que lo tengas todo, nunca sabes cuando te darás de bruces con la horma de tu zapato.  Porque así es como se mueve el mundo, así es cómo se construye una identidad: partiendo de raíces con origen poco claro y, a menudo, poco profundas que acaban desarrollando una intensa actividad. Porque siempre habrán otros que trataran de confundir tu senda, que tratarán de conducirte por los derroteros equivocados: se sienten perdidos, se aferran a ti, intentando que les infundas orden y seguridad; te amenazan con cosas horribles si desafías sus obsesivos comportamientos.  Y es entonces cuando te atenaza el miedo: las fronteras entre correcto e incorrecto se difuminan, al tiempo que tu horizonte se alarga y tus nuevas posibilidades se muestran como una baraja de cartas. Tienes varias...

Soberbia

Soberbia.  Esa infame creencia de superioridad frente a los otros,   de mayor entendimiento de las cosas en comparación con el resto de personas.  Ese pecado interno que crece cual mala hierba, que se infiltra y hunde sus raíces en lo más profundo de tu alma, que te consume por dentro hasta arrebatarte todo lo preciado.  Te contemplas en el espejo y ves un reflejo engrandecido, un reflejo sobrehumano: la soberbia inunda tu cuerpo y te torna vanidoso.  Al mirar alrededor, nadie es suficientemente bueno, todos son personajes secundarios que sólo participan de tu historia.  El desprecio por lo mundano te vuelve solitario, hace que te replantees la necesidad de socializar. Eres autónomo, autosuficiente: no precisas de nadie para cumplir tus objetivos.  Cuando los demás te reprenden, se convierten en enemigos: te asalta la paranoia y los crees a todos en tu contra. Los celos y la envidia, por eso (según tu opinión), responden con tanta nequicia. Son me...

De frágil cristal

Me empeñé en construir un esqueleto de frágil cristal,  que se hizo añicos cuando llegó la tempestad;  el viento arrastró los pedazos que quedaban  y su misma esencia se perdió en la adversidad...  No existen amores imperecederos:  todo afecto tiende a morir, todo cariño se torna en desprecio,  y todo desprecio hace sufrir. Me costó entender, es mi verdad,  que todo dolor del amor procede; que todo sueño o promesa robada,  se disipa en el aire cual luz dorada.  El sol se pone, la realidad perece  y, al final, sólo la noche permanece. Noche y ocaso, siempre asociados, Soledad y amargura, afiladas como agujas, Pinchan y se hunden como clavos ardiendo, Aunque al final son fríos, como el gélido invierno.

Un silencio vale más que mil palabras

Precisamos de esos momentos en los que todo cuanto nos rodea es silencio. Porque siempre hay gente a nuestro alrededor, personas que hablan más de la cuenta y nunca saben estar calladas. Ese tipo de gente que nos atrapa, que nos mantiene prisioneros de un rumor interminable, de una cadena de palabras y frases que nos envuelven hasta dejarnos sin respiración.  Y sentimos agobio, estrés: tenemos ganas de huir, de alejarnos de todo ser viviente y escapar a un paraíso virgen que no haya sido mancillado por el ser humano. Nos embarga una sensación extraña, un placer culpable por anhelar con tanto frenesí un destino alejado de la sociedad que nos ha criado y que tan hábilmente ha moldeado nuestras mentes. Pero sólo es un breve instante.  Quien pudiera escapar de verdad, hacer frente a miedos y vicisitudes y dar un paso hacia la libertad: el placer supremo, la cumbre que todo ser humano debería soñar con alcanzar. 

Historia de fantasmas

...Miedo.  Esa sensación apabullante que repta como un gusano; que trepa por tu columna igual que una ardilla por el tronco de un árbol.  Esa imparable llama que asciende en extensas oleadas; que consume con un incendio todo cuanto se cruza en su camino, disipando cualquier atisbo de voluntad.  Esa fría losa que se afinca como hielo en el interior de tu estómago; que te devora por dentro como un depredador; que te hace dudar de todo y de todos.  Siéntate conmigo junto al fuego y te contaré una historia triste y aterradora, una historia que habla de muerte y traición; una historia de venganza que traspasa el mismo umbral del más allá. Una historia de fantasmas que no se desvanecen al salir el sol, sino que perduran acurrucados a nuestro alrededor, esperando una justicia cósmica que nunca llega...