Cazador cazado
En cierto modo, sigues pensando que mis huellas te llevarán a casa. Intentas rastrearlas, como los cazadores hacen con su presa, tratando de dilucidar hacia dónde me he ido, cómo es posible que me haya marchado tan deprisa y sin dejar ningún rastro. Corres entre los árboles, escuchando las ramitas y las hojas caídas crujir levemente bajo tus pies, mientras tus ojos recorren el bosque, en busca de la más mínima pista que delate mi paradero. La cuerda del arco que sostienes entre las manos se tensa, mientras la punta de la flecha en ella apoyada reluce con un siniestro resplandor a la luz de la luna que se filtra entre las copas de los árboles. La ira y el apremio son palpables en tu mirada: recorres una y otra vez el panorama, cada vez de manera más violenta y furiosa. Quieres encontrarme, pero no sólo para que te lleve a casa; sé perfectamente lo que de verdad quieres: mi corazón humeante aún palpitando, ése es el trofeo que codicias. Como un cervatillo, me he escondido en la profun...