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Dualidad

La dualidad forma todo lo que somos. Tratamos a menudo de reprimir nuestra oscuridad interior y de fortificar nuestra luz, creemos que tras mucho intentarlo llegaremos a quedarnos sólo con las buenas conductas suprimiendo las viles. Pero eso nunca pasa. Somos fruto de la lucha eterna entre el caos y el orden: espíritus confusos, saturados de contradicciones. Creemos ilusos que los secretos pueden ocultarse indefinidamente bajo la alfombra, como si no existiesen. Y así es como persistimos: enfrentando las dificultades a base de evitar prestar atención a lo que se esconde bajo la piel, a todas aquellas dudas y preguntas que forman nuestro subconsciente y que continuamente ponen en tela de juicio todo lo que pensamos y hacemos.

Telaraña

Son curiosas esas personas que, como arañas, tejen su red en torno a ti; sin que te des cuenta siquiera. Te enredan lenta y pacientemente entre sus hilos, confundiéndote entre sus giros y nudos, sellando tu inexorable destino, atrapándote en su poderosa telaraña. Antes de que te percates, ya estás inmovilizado, firmemente sujeto bocabajo en el centro de la red: eres víctima de la astucia de la  fiera   hambrienta y voraz que se prepara para degustar tu final.  Y, entonces, lo único que puedes hacer es gritar.

Nunca lo olvidaré

Trato de encontrar mi paz en el fondo de una botella, buscando una chispa de sentido que destaque en un océano de confusión. Me bebo mi angustia y mi soledad en cada trago, siento el imparable borboteo como un río de fuego abrasando mi garganta. Busco consuelo, abandonado como estoy, llorando en una esquina; sintiéndome estúpido por haberlo intentado tantas veces sin éxito alguno. Ni siquiera recuerdo por qué malgasto mi tiempo lamentándome por ti, sufriendo por ti, engañándome a mí mismo por ti. Si me concedieran un deseo, desearía poder borrarte de mi mente: hacer como si nunca te hubiese conocido, como si nunca hubieses existido para mí. Todo porque sé que yo a ti realmente te importo un bledo y, piense lo que piense o haga lo que haga, eso nunca cambiará. Seamos sinceros: no podía darte lo que necesitabas ni querías; y tú tampoco podías dármelo a mí. Hay que admitir, por doloroso que resulte, que lo nuestro nunca fue real. Y lo que nos hicimos es prueba de ello. Eso es cuanto...

Lucero del alba

La noche más oscura trae consigo un miedo connatural, una angustia derivada de la confusión que surge cuando nos rodean las sombras y todo lo que sentimos es frío e inseguridad. Nos abrazamos entonces las rodillas, tratando de calmar ese terror cada vez más poderoso, intentando mantenernos firmes y serenos ante la ausencia de claridad. Lloramos y gritamos por la impotencia: poco a poco, esas tinieblas nos apresan en una jaula de dudas, estrés y pensamientos negativos, mientras la penumbra se hace cada vez más difusa y pronto ya no somos capaces de ver ni nuestro propio cuerpo.  Queremos pensar entonces que estamos solos, que la oscuridad no puede hacernos daño; que no hay murciélagos ni criaturas de la noche acechándonos, esperando el momento propicio para saltar sobre nosotros y devorarnos. Pero en el fondo sabemos que no es cierto: la oscuridad nunca viene sola y, aunque los que se esconden en los armarios o bajo las camas sean un mero producto de fantasías infantiles, los mo...

Cazador cazado

En cierto modo, sigues pensando que mis huellas te llevarán a casa. Intentas rastrearlas, como los cazadores hacen con su presa, tratando de dilucidar hacia dónde me he ido, cómo es posible que me haya marchado tan deprisa y sin dejar ningún rastro. Corres entre los árboles, escuchando las ramitas y las hojas caídas crujir levemente bajo tus pies, mientras tus ojos recorren el bosque, en busca de la más mínima pista que delate mi paradero. La cuerda del arco que sostienes entre las manos se tensa, mientras la punta de la flecha en ella apoyada reluce con un siniestro resplandor a la luz de la luna que se filtra entre las copas de los árboles. La ira y el apremio son palpables en tu mirada: recorres una y otra vez el panorama, cada vez de manera más violenta y furiosa. Quieres encontrarme, pero no sólo para que te lleve a casa; sé perfectamente lo que de verdad quieres: mi corazón humeante aún palpitando, ése es el trofeo que codicias. Como un cervatillo, me he escondido en la profun...

Descenso al Maelström

No entiendes que viva de recuerdos prestados,  me sigues viendo como un barco a la deriva, que se precipita contra los altos acantilados,  pese a tus vanos esfuerzos por salvar mi vida. Pero ni soy un galeón abandonado,  ni una nave en la niebla perdida:  soy un torbellino peligroso y aislado, que acarreará tu absoluta ruina. Porque soy  Caribdis, devoro todo a su paso, soy un vórtice de emociones muy frías,  que arrastrará a las profundidades tu barco, hasta depositarlo en su tumba submarina. Cada vuelta te arrastra más y más al abismo; si desciendes al Maelström no hay posible huida ;  enfrentarte a mi fuerza es desafiar al destino, dejarte llevar, lo único que evitará tu caída.  Porque engulliré tu tierna alma giro tras giro,  atraparé tu corazón con una simple mirada,  sentiré cómo naufragas en cada triste latido  y cómo te hundes hasta perderte en la nada.

Obsesión e identidad

Crees que sabes quién eres. Crees que te conoces bien a ti mism@. Entonces sucede algo. Algo que cambia tu perspectiva y te aporta una visión del mundo que jamás te habías planteado. Y es que, por muy claro que lo tengas todo, nunca sabes cuando te darás de bruces con la horma de tu zapato.  Porque así es como se mueve el mundo, así es cómo se construye una identidad: partiendo de raíces con origen poco claro y, a menudo, poco profundas que acaban desarrollando una intensa actividad. Porque siempre habrán otros que trataran de confundir tu senda, que tratarán de conducirte por los derroteros equivocados: se sienten perdidos, se aferran a ti, intentando que les infundas orden y seguridad; te amenazan con cosas horribles si desafías sus obsesivos comportamientos.  Y es entonces cuando te atenaza el miedo: las fronteras entre correcto e incorrecto se difuminan, al tiempo que tu horizonte se alarga y tus nuevas posibilidades se muestran como una baraja de cartas. Tienes varias...